Brasil: ¿ideas audaces o una huida hacia adelante?

30/08/2012

Brasil: ¿ideas audaces o una huida hacia adelante?

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A lo largo de las 2 últimas semanas, Brasil ha anunciado dos decisiones de gran calado: una nueva rebaja de tipos de interés por parte del Banco Central y el anuncio de un ambicioso plan de inversión en infraestructuras. Ambas decisiones revelan la intención de las instituciones de relanzar un crecimiento económico que ha perdido impulso, pero la moneda siempre tiene 2 caras y el resultado de estas decisiones es incierto. Vayamos por partes.

La rebaja de tipos de interés, no esperada en el mercado, deja de ser relevante. El Banco Central ha situado su tipo director de referencia en 7,50%, tras haberlo reducido en 500 puntos básicos desde julio de 2011, lo que supone el mayor recorte en ese período entre todas las economías del G-20. El recorte de tipos es una medida de manual para reactivar una economía cuyo crecimiento podría ser inferior a +2% en 2012, una cifra exigua para una economía emergente. ¿Será efectiva para reactivar la economía? La evolución del crecimiento en los trimestres precedentes no sugiere que la flexibilización de la política monetaria vaya a estimular la actividad económica, teniendo en cuenta que la rebaja de los tipos de interés no ha impedido que el crecimiento se desacelere desde unos niveles cercanos al 9% a finales de 2009 hasta el 0,8% actual. Además, la inflación permanece en niveles superiores al 5%, erosionando la competitividad brasileña.

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Una medida más audaz parece el plan de infraestructuras anunciado por la presidente Dilma Rousseff el 15 de agosto, que prevé la inversión de 53.500 millones de euros en el trazado de 7.500 kilómetros de carreteras y 10.000 kilómetros de red ferroviaria. Además, están en marcha planes de ampliación y privatización de algunos de los principales puertos y aeropuertos del país. La mejora de las infraestructuras no generará mayor crecimiento a corto plazo, pero sí tendrá dos efectos positivos. En primer lugar, eliminará los cuellos de botella de las infraestructuras brasileñas, que han provocado una importante pérdida de eficiencia y competitividad frente a otras economías emergentes. Como ejemplo, basta citar que sólo el 6% de las vías de comunicación están asfaltadas frente al 54% de China y el 80% de Rusia, según un informe de Goldman Sachs.

Por otra parte, la construcción de infraestructuras puede ir generando un cambio de modelo en la economía brasileña, cuyo crecimiento ha sido excesivamente dependiente del consumo interno y de las exportaciones de materias primas en los últimos años. De hecho, la inversión sólo supone el 19% del PIB brasileño, porcentaje que debería elevarse hasta niveles cercanos al 22% del PIB en los próximos años.

No obstante, estos planes de inversión en infraestructuras no serán la solución si no se cumplen algunos requisitos básicos, entre los que destacamos unas perspectivas de rentabilidad razonable para los inversores privados extranjeros, la erradicación de la corrupción que ha afectado a la gestión de anteriores proyectos y un estudio responsable de las infraestructuras que son realmente necesarias. Conviene recordar que Brasil organizará la Copa del Mundo de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Estos eventos suponen una tentación de construir obras emblemáticas muy costosas que posteriormente son infrautilizadas, una experiencia que en España, desgraciadamente, ya hemos sufrido.

En definitiva, la economía de Brasil, como hemos venido advirtiendo en nuestra estrategia de inversión, está perdiendo impulso a un ritmo rápido, por lo que se han puesto en marcha medidas monetarias y fiscales de forma rápida. Parece difícil que la reciente rebaja de los tipos surta efecto, mientras que del éxito del nuevo plan de inversión en infraestructuras dependerá en buena medida que la economía brasileña siga mereciendo el calificativo de emergente.

Fotografía de J.Gil | Flickr

 

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