Al cierre: 23 palabras que salvaron al euro y han dado al Ibex ganancias del 39%

26/07/2013
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Artículo escrito por: Web Financial Group S.A

MADRID, 26 JUL. (Bolsamania.com/BMS) .- “Agradecida, emocionada, solamente puedo decir gracias por venir”, entonaba Lina Morgan al cierre de sus actuaciones. Lo mismo le podrían cantar los mercados del Viejo Continente al presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. Hoy las “palabras mágicas” del banquero italiano “cumplen un año”. Hace 365 días se comprometía a “hacer todo lo que sea necesario (para salvar al euro) y créanme, será suficiente”. 23 palabras, en inglés: “Within our mandate, the ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro. And believe me, it will be enough”, que trajeron la calma a la deuda, fortalecieron a la moneda única e impulsaron a las bolsas.

Tras esta promesa llegó el programa OMT (Outright Monetary Transactions), la garantía de que el BCE compraría bonos de los países que tuvieran dificultades para financiarse. Aunque hoy por hoy aún no se ha activado, su mera existencia ha “comprado tiempo” para las autoridades de la Zona Euro y ha despertado el “apetito” por la renta variable europea. Según recoge Bloomberg, desde aquel 26 de julio de 2012, el Stoxx 600 ha subido un 19%, el Ibex 35 un 39% y la bolsa italiana un 31%. Al mismo tiempo, la rentabilidad del bono a 10 años español ha descendido hasta el 4,6% y entonces superaba el temido 7%; mientras la transalpina ha caído hasta el 4,4% desde el 6,4% de aquel momento. Por su parte, la prima de riesgo de España, que un día antes de las palabras de Draghi (el 25 de julio de 2012) marcaba un máximo histórico en los 638 puntos básicos, se mueve ahora por debajo de los 300 puntos.

Michael Herzum, gestor de fondos de Union Investment, explica en Reuters que el banquero italiano “cambió las reglas del juego permitiendo a los inversores dejar de temer que la Zona Euro iba a autodestruirse. Sacó el riesgo sistémico fuera del mercado simplemente reduciendo significativamente la posibilidad de ruptura del euro”. Por su parte, Kit Jucker, de Société Générale y desde las páginas de The Guardian, nos desea “un feliz Whatever it takes aniversario": “La moneda única se ha mantenido unida, nadie la ha dejado, los diferenciales se han reducido, los PMIs han vuelto, el sol brilla e, incluso, la tasa de desempleo de España ha caído. Mario se merece una A* (buena nota estudiantil) por su originalidad y su esfuerzo”.

Sin embargo, este experto lanza dos advertencias sobre el impacto del discurso del presidente del BCE: “En primer lugar, separando a los mercados de los problemas de la Zona Euro, Draghi tienta a los políticos con pensar que ya todo está bien; y, en segundo lugar, como cualquier elemento de disuasión nuclear, el programa OMT está bien siempre y cuando no se utilice”. Así, tal y como recuerda The Wall Street Journal, hay problemas que un “simple banquero central no puede resolver fácilmente, como por ejemplo, los desequilibrios económicos estructurales o las tasas récord de desempleo”. Las palabras del italiano “cambiaron las reglas del juego, pero no hicieron mucho para restaurar el crecimiento económico y crear puestos de trabajo. El paro está en un récord del 12,2% y el PIB no ha crecido desde finales de 2011. Mientras, en España e Italia, las pymes siguen pagando mayores tipos de intereses que las alemanas”. En este sentido, Jen Wattret, de BNP Paribas, afirma: “La intervención verbal no es suficiente, hay que hacer más, como comprar deuda del sector privado para estimular el crédito, pero no parece muy dispuesto a hacerlo”.

En este sentido, José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi en España, se pregunta si el papel de los bancos centrales es ¿indefinido e ilimitado? “La eterna duda, centrada en los límites de la política monetaria. Antes, porque la situación lo requería. Ahora, porque se teme su retirada. La cuestión seguirá siendo recurrente en el futuro próximo... y quizá también en el más lejano. ¿Dónde acaba esto? O quizá más apropiado: ¿cómo puede finalizar?", se plantea. Como no somos adivinos, lo que nos resta es

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