¿Será nuestro trabajo sustituido por una máquina?

02/06/2014

¿Será nuestro trabajo sustituido por una máquina?

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En la segunda mitad del siglo XX la tecnología digital fue un factor clave para hacer rentable el traslado de industrias desde países desarrollados a regiones que tenían mano de obra y capital humano más baratos, porque permitió aumentar la eficiencia en el suministro de pedidos. Como es sabido, esta expansión económica transformó la producción a escala mundial.

Posteriormente, el crecimiento de la demanda de los países emergentes obligó a innovar las redes digitales de suministro, tanto en el lado de la oferta como en el de la demanda. Además, la provisión de muchos servicios dependió del conocimiento, la experiencia, la información y la comunicación, no de la proximidad geográfica ni del movimiento físico de bienes.

La siguiente ola del proceso de digitalización ya está provocando la sustitución de trabajadores por tecnología

La segunda oleada de las tecnologías digitales

El Premio Nobel de Economía Michael Spence, como muchos otros autores, en su artículo “La sustitución digital de mano de obra” advierte que las nuevas tecnologías digitales están abaratando tanto los costes que muchos bienes y servicios se harán gratuitos. Un adelanto de ello son Skype, Facebook, Wikipedia o WhatsApp.

La industria discográfica, la prensa y la industria editorial ya han recibido su impacto y las industrias de la energía, la manufactura y la educación están empezando a percibirlo.

Dice Spence: "Ahora se aproxima una segunda ola de digitalización que puede ser incluso más intensa y que supone la sustitución de mano de obra en tareas cada vez más complejas". Esta afirmación de Spence se basa en la tecnología de la robótica y de impresión en 3D, "una tecnología que permite crear una variedad increíblemente amplia de productos” y, sobretodo, producir en respuesta a la demanda real, no a la demanda esperada o prevista.

A diferencia de la ola de digitalización anterior, que impulsó a las empresas a buscar en el mundo mano de obra subutilizada, esta nueva ola impulsará a reducir precios mediante la disminución de mano de obra, en cuanto los costes de las nuevas maquinas caigan.

Según el programa tecnológico de la Universidad de Oxford, un 47% de los trabajadores actuales tiene una gran probabilidad de que sus empleos se automaticen en los próximos 20 años. Por ejemplo, el trabajo del transporte aéreo y terrestre por los drones y vehículos sin conductor, el de la industria manufacturera por las fábricas sin trabajadores, el del comercio minorista por las tiendas virtuales y el de las labores administrativas por la digitalización.

Dice Spencer "Tarde o temprano, todos los países tendrán que recrear sus modelos de crecimiento en torno a las tecnologías digitales y el capital humano que haga posible su implementación y su expansión"".

 

Un ejemplo de la tecnología que viene, las impresoras de 3D

Spencer explica que "Una impresora de 3D es una máquina capaz de realizar impresiones de diseños en 3 dimensiones, creando piezas o maquetas volumétricas a partir de un diseño hecho por ordenador. Surge con la idea de convertir archivos de 2 dimensiones en prototipos reales de 3 dimensiones. Ya se ha utilizado en la fabricación de piezas o componentes, en la arquitectura y en el diseño industrial. En la actualidad se está extendiendo su uso en la fabricación de los productos más diversos".

El mercado mundial de las impresoras de 3D no ha hecho nada más que empezar y ya ha superado la barrera de los 1.000 millones de dólares. Se espera que en el futuro su crecimiento sea explosivo. Se utilizan en las industrias de automoción, marroquinería, moda, arquitectura, envasado, comida, educación, medicina, etc.

Probablemente en la actualidad su uso más llamativo es en la construcción de viviendas. La empresa china "Winsun New Materials" ha desarrollado una impresora de 3D de 150 metros de largo, 10 de ancho, y 6,6 metros de alto. Con ella ha hecho diez casas en un solo día. La máquina emplea una tinta creada con escombros y desechos industriales que se controla con un programa informático y que resulta más ligera que el hormigón. 

Según Yihe, el fundador de la empresa, “el objetivo era dar con un sistema que responda a cuatro cuestiones clave: tecnología digital, materiales reciclados, menos mano de obra y menos tiempo de construcción”. Una pequeña vivienda de unos 60 metros cuadrados cuesta unos 3.600 euros y se levanta en horas. En el caso del edificio de 900 metros cuadrados de planta el plazo se alarga un par de días. En Holanda otra empresa, "DUS Architects", también ha comenzado a construir casas utilizando impresoras de 3D. Algunos expertos creen que este sistema de construcción se convertirá en habitual de aquí a cinco años.

Otro de los campos en los que más expectativas está despertando la impresora de 3D es en la medicina, ya se  fabrican prótesis a la medida del paciente, o férulas artificiales que ayudan a respirar sin un respirador automático.

No se puede predecir el futuro, pero lo que nos sugiere Spencer  parece sensato "Nadie sabe a ciencia cierta cómo se desarrollará el proceso. Pero intentar comprender a dónde nos llevan las fuerzas y tendencias tecnológicas es un buen punto de partida".

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