A vueltas con la inflación: ¿por qué es malo que los precios no suban?

05/01/2016
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La ausencia de inflación está siendo uno de los rasgos más característicos del contexto económico actual y las políticas monetarias de los bancos centrales buscan, sin mucho éxito hasta la fecha, darle un impulso. “Las tasas interanuales de IPC en las principales economías avanzadas han estado en terreno negativo durante buena parte de 2015 y permanecerán en niveles cercanos a 0% durante la primera mitad de 2016”, pronostican desde el departamento de Análisis de Bankinter.

La caída del precio del crudo –a niveles inferiores a los 40 dólares el barril– y del resto de materias primas a causa de la debilidad de la demanda global y de China en particular explican en parte el porqué de este bajo nivel de precios que vivimos hoy. Tampoco ayuda que el crecimiento de las economías desarrolladas sea todavía muy modesto, con elevados niveles de paro que, a excepción de Estados Unidos y Alemania, frenan el despegue del consumo.

“Los bajos niveles de inflación durante un período transitorio tienen claros efectos positivos: permiten mantener el poder adquisitivo de los consumidores, contribuyen a incrementar la competitividad y son un ejemplo del avance tecnológico de determinados sectores. Sin embargo, la ausencia de inflación supone una amenaza, ¿por qué?”, se preguntan desde Bankinter.

Los propios analistas de la entidad resumen las principales razones las implicaciones que esta ausencia de inflación tiene tanto para la economía como para las estrategias de inversión:

:: Restringe el consumo y la inversión: no solo el consumo a pie de calle sino que también se frena la inversión en formación de capital fijo. Un empresario preferirá distribuir dividendos en lugar de aumentar las inversiones si prevé que a corto plazo sus productos no van a poder venderse más caros.

:: Aumenta la carga de la deuda: la inflación (moderada) ayuda incrementar los ingresos de empresas y familias y ayuda a reducir el exceso de apalancamiento tanto del sector privado como público puesto que el valor nominal de la deuda permanece constante en el tiempo.

:: Rigidez en el mercado laboral: en un contexto deflacionario donde los salarios nominales se mantienen estables pero los márgenes no crecen tienen un efecto negativo en los niveles de empleo. Con una inflación siempre moderada, si se congelan los salarios nominales se traduce en una bajada del salario real lo que implica una flexibilidad en el control de costes.

:: La política monetaria tradicional es menos efectiva: la medida más utilizada por los bancos centrales para reactivar la economía ha sido la reducción de tipos de interés. En una economía con una inflación anual en +2%, si el banco central sitúa el tipo director en el 0%, el tipo de interés real (equivalente al tipo nominal menos la inflación) se situaría en el -2%, lo que contribuiría a estimular el consumo y la inversión frente al ahorro. Por el contrario, un escenario sin inflación implica un doble factor de riesgo: por un lado, si los tipos reales no pueden caer lo suficiente como para reactivar la demanda y subir los precios, la demanda agregada se contraerá aún más, por lo que la espiral de deflación se retroalimentará. Por otro, conseguir tipos reales muy bajos ha exigido situar los tipos nominales en unos niveles tan reducidos (0,25% / 0,50% en EE.UU y 0,50% en Reino Unido) que ya no se corresponden con una coyuntura de recuperación, por lo que los bancos centrales podrían no disponer de la rebaja de tipos como medida de emergencia ante una próxima recesión.

Desde el departamento de Análisis de Bankinter estiman que el escenario actual llevará a que los bancos centrales mantengan en 2016 las medidas no convencionales de política monetaria. “La Fed y el Bank of England (BoE) no venderán los bonos acumulados durante el quantitative easing (QE) por lo que existirá un importante volumen de liquidez”. Por su parte, el BCE implementará su programa de compra de activos hasta marzo de 2017 “con el objetivo de mantener los tipos de interés de los bonos de calidad en terreno negativo en los tramos cortos de la curva”, añaden.

La otra cuestión que está dando que hablar ha sido la decisión que el BCE ha tomado en diciembre de rebajar el tipo de depósito del -0,2% al -0,3% para incentivar que las entidades financieras concedan créditos en lugar de depositar en el banco central sus excedentes de liquidez.

¿Podría extenderse este tipo de depósito negativo a los clientes de los bancos que sí pagan por los depósitos? “En nuestra opinión, los tipos de depósito negativos no se generalizarán en un futuro próximo para los clientes minoristas. Sin embargo, los tipos de depósito negativos que ya se aplican en la UEM y Suiza implican que los tipos en los depósitos se mantendrán en niveles próximos a cero durante un período prolongado y la renta fija a corto plazo presentará TIR negativas durante 2016, por lo que la rentabilidad en activos de bajo riesgo será prácticamente nula”, explican desde el departamento de Análisis de Bankinter.

En consecuencia, la renta variable se configura como el activo con mejores perspectivas para el próximo año, como ya vimos en nuestro reciente post Dónde invertir en 2016.

 

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