Carney guardará su munición entre crecientes críticas por su gestión del Brexit

03/11/2016
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Artículo escrito por: Web Financial Group S.A

El imponente edificio que oficia de sede del Banco de Inglaterra en Londres guarda más de 300 años de historia. Pues incluso eso, toda esa trayectoria, su leyenda como 'Vieja Dama de Threadneedle Street, que es el sobrenombre que recibe la institución, está en cuestión por el Brexit. Aunque, sobre todo, es su gobernador, Mark Carney, el que soporta la presión, algo que se trasladará de forma inevitable a la reunión de política monetaria que la entidad celebra esta semana.

En concreto, la cita tendrá lugar el jueves. Y estará marcada por las crecientes especulaciones en torno a su papel no sólo en los últimos meses, sino en el que ejercerá en los próximos. La actuación del Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés) en el período de evaluación de daños post Brexit ha sido ampliamente cuestionada. Mucho se ha debatido acerca de su decisión, anunciada a comienzos de agosto, de adoptar una mayor flexibilización cuantitativa (QE) después del referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) y se ha hecho hincapié en que su intervención, recortando la tasa de interés en 25 puntos básicos, hasta el 0,25%, no ayudó a la ya maltrecha libra. Ajeno a las críticas, Carney defendió la semana pasada la actuación de la entidad, esta vez ante la Cámara de los Lores, y ha advertido que "está muy lejos de quedarse sin munición o de apretar el gatillo alegremente".

El banquero central canadiense, que sustituyó en julio de 2013 a Mervyn King al frente del BoE, mantuvo así su compromiso de activar más medidas expansivas si resulta preciso. Eso sí, no parece que sea esta semana, puesto que se espera que deje el precio del dinero donde está y que tampoco toque el QE, dotado con 435.000 millones de libras -unos 483.000 millones de euros-. La atención se centrará en identificar si Carney prepara el terreno para volver a actuar en diciembre o si, como esperan los analistas, deja las próximas medidas ya para 2017.

Esta incertidumbre viene marcada por la libra esterlina. Su abrupta depreciación en octubre, con pérdidas de un 20% con respecto al dólar y un 15% en relación con el euro, ha provocado que cambie el sentimiento y se descarte un nuevo descenso de los tipos en la reunión del 3 de noviembre. El gobernador del BoE ofreció motivos para apoyar la ya extendida opinión de que el banco central se mantendrá sin cambios durante su comparecencia ante los parlamentarios.

“La caída de la libra ha otorgado un estímulo extra a la economía de Reino Unido que, de no haberse producido, habría requerido de un nuevo recorte en los tipos de interés”, indica el equipo de economistas de Barclays en una reciente nota. “Esperamos que el banco central mantenga los tipos en el 0,25% por ahora y haya un recorte de 5 puntos básicos en la reunión del 17 de marzo de 2017”, apuntan desde el banco de inversión.

El gurú del mercado de las divisas Ashraf Laidi explica las palabras de Carney porque el BoE “evitará que el tipo de referencia llegue al 0% para controlar la erosión en los ahorros de los ciudadanos”. Desde Oanda, Craig Erlam señala que las condiciones económicas en el país acabarán por deteriorarse y entonces el banco central “emprenderá acciones”. Sin embargo cree que “se evitará tomar medidas preventivas como hizo tras el referéndum”.

Eso sí, Carney defendió la política ultra expansiva de la entidad y dejó claro ante los diputados británicos que está "muy tranquilo, en vista de todos los eventos desarrollados desde el 23 de junio". También se reafirmó en su apuesta por la expansión quantitativa y por la compra de bonos corporativos de empresas como elemento clave para la economía británica.

CRECEN LAS CRÍTICAS

La resistencia que, por el momento, sigue mostrando la economía británica y el repunte de la inflación han convertido en innecesaria una nueva intervención del BoE por ahora. Es más, incluso han alimentado una creciente corriente de críticas contra Carney, al que acusan de haberse precipitado en agosto.

El economista Desmon

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