¿Italexit? La crisis política pone a prueba las siete vidas del euro

06/12/2016
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Artículo escrito por: Web Financial Group S.A

Al euro se le ha matado muchas veces. Pero el caso es que sigue vivo. La secuencia de rescates iniciada en Grecia en 2010, el salvamento de la ‘moneda única’ en 2012 por parte del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, o la última fase de la crisis de Grecia de 2015 son algunos de los episodios en los que siempre se han alzado voces pesimistas que se han lanzado a rubricar la ‘muerte del euro’. Ahora es Italia la que prende la mecha para dar alas de nuevo a los analistas más agoreros que defienden, una vez más, que la Eurozona ya está desmantelada ‘de facto’.

El escenario por el que apuestan es que el resultado del referéndum transalpino y la dimisión del primer ministro, Matteo Renzi, podrían activar un efecto dominó que forzará al presidente de la República, Sergio Mattarella, a convocar elecciones anticipadas, en lugar de seguir con un gobierno de coalición entre los demócratas y una minoría de centro-derecha o de nombrar un gobierno de tecnócratas y aguantar hasta las elecciones previstas para 2018. Si hay adelanto electoral, el Movimiento Cinco Estrellas del humorista Beppe Grillo podría aprovechar el tirón en las encuestas de opinión, que le dan como seguro ganador, y asaltar el Quirinal.

El movimiento antieuropeísta de izquierdas que encabeza el popular cómico ha prometido un referéndum sobre la permanencia del país en la Zona Euro. La cara opuesta política de esta fuerza la encarna el partido de ultraderecha, la Liga Norte, cuyo líder, Umberto Bossi, también trata de captar el voto popular con promesas antieuropeas.

Por el momento, eso sí, estas opciones pertenecen más al terreno de las conjeturas. Una reciente encuesta de noviembre muestra que tan sólo un 15,2% de la población votaría a favor de salir del euro, mientras más del 67% de los italianos se describía a sí mismo como “creyentes en la moneda única”. Pero el caso es que el triunfo del 'No' ha resucitado viejas sospechas sobre la divisa europea.

¿PUEDE REALMENTE ITALIA ABANDONAR EL EURO?

Irónicamente, la celebración de un hipotético referéndum sobre el ‘Italexit’ no es posible sin una reforma de la Constitución italiana que los mismos movimientos que pugnan por celebrar la tan ansiada votación han rehusado apoyar. La Carta Magna del país transalpino no permite celebrar ninguna votación sobre el euro y la Unión Europea, señalan expertos de Berenberg.

Estos analistas creen que el desenlace político más probable es que Matarella designe un nuevo primer ministro entre los miembros del partido de centro-izquierda de Renzi. Las quinielas están entre estos nombres: Pier Carlo Padoan, actual ministro de Economía y Finanzas, o Pietro Grasso, presidente del Senado -que ya fue presidente interino de la República italiana en 2015, después de la renuncia de Giorgio Napolitano-. Después, el Parlamento y el Senado tendrán que votar el nuevo equipo de Gobierno, un movimiento que los expertos del banco alemán esperan que se produzca “pronto, para limitar los efectos de la incertidumbre política”.

Si los diputados italianos no aceptan este nuevo Gobierno, el escenario más plausible al que apunta Berenberg es que Mattarella pida a la formación de centro-derecha de Silvio Berlusconi que forme un Gobierno de coalición que pueda acabar con la legislatura hasta mayo de 2018. Sólo en el último de los casos se convocarían elecciones anticipadas en 2017.

Por todos estos motivos, desde el banco de inversión alemán señalan que el riesgo de que Italia rompa con la Unión Europea es una opción “remota, pero no por ello menos trivial”, ya que la posibilidad está presente y, al igual que el resto de hitos de la historia de la ‘moneda compartida’, colocaría a Bruselas al filo del abismo. Sin embargo, la diferencia fundamental es que las instituciones europeas asistirían como convidados de piedra a un hipotético ‘Italexit’ y no podrían más que preparar un colchón que amortiguara el impacto de la colisión entre el país transalpino y el BCE, que tendría que adaptar rá

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