psicología de la inversión

¿Cómo actúa tu mente cuando vas a invertir?

01/08/2017

A la hora de tomar decisiones de inversión, conviene tener en cuenta los mecanismos psicológicos que intervienen

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Artículo escrito por: Redacción

Muchas veces hemos comentado la importancia de conocer tu aversión o tolerancia al riesgo y de fijar muy bien los objetivos que quieres conseguir cuando vas a invertir. Así como informarse sobre el producto que se va a contratar –en este artículo enumeramos los errores más comunes que debe evitar un inversor–.  Pero a la hora de tomar decisiones de inversión, conviene tener en cuenta los mecanismos psicológicos que intervienen. Es decir, qué procesos mentales se siguen en las decisiones de inversión y qué errores o sesgos de nuestro modo de pensamiento pueden influir en ellas.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) acaba de publicar un documento sobre este interesante tema en el que alerta del peligro de recurrir a los “gurús de turno” a la hora de invertir y de los sesgos más frecuentes que afectan a las decisiones sobre dónde y cómo invertir que tomamos los pequeños inversores.

¿Cómo tomamos decisiones a la hora de invertir?

No es lo mismo decidir qué ropa voy a llevar hoy a trabajar que qué carrera voy a estudiar. Según los trabajos realizados por diversos psicólogos, como Daniel Kahneman o Amos Tversky, para afrontar estas decisiones y sobrevivir a tanta actividad, el cerebro humano recurre, de manera inconsciente, a ciertos trucos o atajos mentales (también llamados heurísticos) que ayudan a simplificar la gran cantidad de procesos mentales que realizamos y a hacer más llevadera nuestra vida diaria.

Gracias a estos trucos, el cerebro ahorra energía pues no necesita racionalizar cada elección que realiza, sino que son rápidas, automáticas e intuitivas.

¿Qué sesgos pueden influenciar mis decisiones de inversión?

1. Exceso de confianza

Uno de los sesgos que más le puede afectar como inversor, es el del exceso de confianza. Es la tendencia a sobreestimar los conocimientos y juicios subjetivos y considerarlos certeros. A la hora de tomar decisiones y realizar pronósticos, se sobrevaloran los conocimientos y la experiencia personal sin tener en cuenta la diferencia entre lo que se sabe realmente y lo que se cree saber. El inversor sobreconfiado infravalora los riesgos de su inversión y sobreestima las ganancias esperadas de la misma.

Consejo para evitarlo: conócete como inversor y reflexiona para estar seguro de que el riesgo que vas a asumir es compatible con tu situación financiera y con tu disposición a aceptar pérdidas si estas se producen.

2. Sesgo de ilusión de control

El sesgo de la ilusión de control se refiere a la tendencia a sobreestimar que disponemos del control o de la posibilidad de influir en algo sobre lo que objetivamente no se tiene ningún control. Este sesgo puede llevar a que se asuma un nivel de riesgo superior al adecuado.

Consejo para evitarlo: evita realizar un exceso de operaciones en un intento por “ganar al mercado”. Hoy es relativamente fácil realizar inversiones especulativas y operar en mercados antes reservados a expertos. Sin embargo, el riesgo de estas operaciones suele ser muy alto. Nunca comprometas tu dinero sin entender la inversión y los riesgos que conlleva y recuerda que no existe rentabilidad sin riesgo.

3. Sesgo de confirmación

Otro muy frecuente es el sesgo de confirmación, es decir, interpretar la información recibida o buscar informaciones nuevas de manera que confirmen convicciones o ideas previas.

Consejo para evitarlo: busca opiniones o informes críticos con tus opiniones para invertir de una forma más acertada.

4. Sesgo de anclaje

El sesgo de anclaje es la predisposición a dar más peso a la información obtenida en primer lugar que a una información nueva que la contradice. En el mundo de la inversión se aprecia con frecuencia este sesgo, por ejemplo, cuando se presenta en primer lugar la rentabilidad de un producto de inversión, de manera que ya no se consideren otros datos no tan positivos como los riesgos asociados, o se toma como referencia de la evolución de una acción el precio que ésta tuvo en el pasado.

Consejo para evitarlo: es un muy bien hábito buscar, demandar y leer de manera crítica y con suficiente antelación toda la información oficial que te suministre tu entidad de manera que puedas tomar decisiones de inversión fundadas.

5. Efecto halo y sesgos de autoridad y prueba social

Aquí van tres muy relacionados entre sí: el sesgo de autoridad, o la tendencia a sobreestimar las opiniones de determinadas personas por el mero hecho de ser quienes son y sin someterlas a un enjuiciamiento previo (ese amigo o familiar en el que confiamos). El efecto halo, o la tendencia a enjuiciar a una persona o institución sobre la base de una única cualidad positiva o negativa que hace sombra a todas las demás (calificamos un producto financiero como bueno o malo tomando como referencia un único dato, por ejemplo, los resultados de la empresa o la popularidad del o gestor del producto financiero, sin considerar que ese producto puede no ser adecuado para el perfil de riesgo propio). Y por último, el sesgo de la prueba social o la tendencia a imitar las acciones que realizan otras personas creyendo que se está adoptando el comportamiento correcto.

Consejo para evitarlos: evita las modas y los gurús de turno, así como la toma de decisiones de inversión basadas en rumores o confidencias. Busca consejo profesional y determina el alcance tus sus responsabilidades y de tu libertad de actuar.

6. Sesgo del descuento hiperbólico y aversión a las pérdidas

El sesgo del descuento hiperbólico es la tendencia a elegir recompensas más pequeñas e inmediatas frente a recompensas mayores y alejadas en el tiempo. Se debe a que la inmediatez de las recompensas tiene un gran poder de atracción. Y otro bastante común es el sesgo de la aversión a las pérdidas. Es decir, el miedo a perder algo supone un incentivo mayor que la posibilidad de ganar algo de valor semejante. A la hora de invertir, puede suceder que, con tal de no incurrir en pérdidas, se mantenga una inversión con mínimas perspectivas de recuperación y se acabe perdiendo todo lo invertido.

Consejo para evitarlos: no es necesario que evalúes continuamente el valor de tu cartera ni que sobrerreacciones a noticias y eventos que se producen en el corto plazo. La miopía hace que como inversor pierdas la perspectiva. Los mercados suben y bajan. Aprende a mantener el rumbo y se coherente con los plazos de los objetivos. La diversificación de inversiones con distintos horizontes temporales es muy útil para poder atender a distintas necesidades a medida que se presenten.

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